¿Por qué sentimos que el estrés nos impacta sin previo aviso?

Pareciera ser que todo el mundo «sabe» sobre estrés, sus síntomas y las nocivas consecuencias que genera en la salud. Sin embargo, es bastante inusual que las personas tomen precauciones para prevenir sus efectos.

Si bien, la respuesta de estrés es parte del funcionamiento de nuestra fisiología y  relación con el entorno, la persistencia de este estado en el tiempo es la causa de 11 de las 15 enfermedades por las que muere el ser humano contemporáneo.

El estrés sostenido afecta al sistema glandular, anula nuestro sistema inmune  y debilita el sistema nervioso, destruyendo el equilibrio global y ralentiza los procesos regenerativos del cuerpo generando problemas de salud.

El cuerpo inicia tempranamente la alerta  de este desbalance, sin embargo, no solemos estar receptivas a ello. Normalmente respondemos a la situación de dos maneras:

a. Desconectando nuestra percepción sensorial: Usualmente esta respuesta emerge ante síntomas leves, que suelen diluirse durante el transcurso de la jornada y a los que no se les presta mayor atención. Nos «anestesiamos» para continuar con la rutina como si nada. Todo nuestro foco de atención esta concentrado hacia fuera, nuestro quehacer diario y el mensaje del cuerpo se ignora.

b. Eliminación del malestar: Mediante la ingesta de algún medicamento, el malestar desaparece y retornamos a lo «habitual», sin prestar atención  al mensaje intrínseco del síntoma, ni menos la posibilidad de explorar la fuente que lo está ocasionando. En este escenario es norma que los síntomas resurjan de forma más persistente o ya se manifiesten cuadros de salud más agudos.

En ambas opciones, no es posible accionar de manera efectiva para bloquear los efectos del estrés ya que no te brindas la posibilidad de observar y descubrir la causa raíz de problema, para luego enfocarte en resolverlo.

¿Qué nos desvincula de la conexión y escucha corporal?

Es importante resolver esta pregunta porque será la primera clave a considerar.

¿Dónde permanece nuestra atención y enfoque la mayoría del tiempo? En nuestra exacerbada e imparable mente.

Así es! su naturaleza es inquieta y rápida, pulsando el 95% de las veces fuera de nuestra soberanía y control. En palabras simples, durante nuestra vida,  reaccionamos mayoritariamente en vez de accionar desde un estado de claridad y certeza. Divagamos entre pensamientos e interpretaciones de la realidad, en vez de enfocar nuestra atención e intención hacia la construcción en el presente una vida mas plena. 

A modo de ejemplo… Te aseguro que mientras vas caminando hacia algún lugar, la mayoría de las veces lo realizas de manera automática. Es decir, mientras caminas, vas sumida en tus pensamientos y no en la sensación que percibes al apoyar tus zapatos sobre el piso, el balanceo de tu pelvis y brazos, la forma en que desplazas tu cuerpo, o la sensación del aire sobre tu piel… o me equivoco? Nuestra conciencia se concentra activamente en nuestra mente más que en las sensaciones corporales, viviendo  divididas entre lo que pensamos; sentimos y percibimos en el cuerpo. 

Si adicionamos además, la actual normalización en la sociedad de los síntomas  y los sostenidos niveles de estrés, resulta más complejo auto evaluarse y diagnosticar el grado de impacto oportunamente. 

Y entonces…OMM!!

Siii!!! Tal cuál,  las tres acciones que requieres integrar para activamente regular el impacto del estrés sobre tu salud se resumen en este acróstico OMM, como el mantra yóguico más conocido. Y te lo detallo aquí:

O: Observación

M: Motivación

M: Metodología

Observación: el primer paso es detenernos y observar  para «revisar con atención» cómo te sientes; qué necesitas, qué resultados observas en tu vida actual y si lo que estas haciendo efectivamente te conduce a lo que esperas.

Sin reflexión, no podemos reconocer nuestra situación actual ni evaluar qué podemos mejorar en ella (siempre es posible mejorar).

Motivación: Es importante que descubras por qué deseas hacer este cambio en tu vida. Este será el  combustible base que te permitirá mantenerte  y también disfrutar del proceso de cambio hasta que sea parte de tu nueva rutina.

Solemos claudicar incluso antes de iniciar, por falta de motivación.

Metodología: La última clave es integrar una pauta de qué hacer, que te guíe como mapa de ruta. Una estrategia probada, que te ayude a una auto gestión efectiva del estrés para minimizar su impacto. Y dentro de esta clave, la acción clave es RESPIRAR. Sé que esperabas algo distinto o más sofisticado, pero en la simpleza esta la grandeza de las cosas…tu respiración consciente es la clave. Y su practica te demostrará como finalmente TODO depende de ti.

OMM, las 3 claves iniciales para construir e integrar nuevos hábitos que mejoren tu bienestar general y recuperes la vitalidad que drena el estrés.