La voluntad es el fuego interno que nos impulsa a elegirnos. Según la Real Academia Española, voluntad es la “facultad de decidir y ordenar la propia conducta”. Esta palabra proviene del latín voluntas, que significa “deseo, intención o determinación”, y nos recuerda que elegirnos a nosotras mismas es un acto sagrado. Energéticamente, la voluntad se aloja en el tercer chakra, Manipura, el centro del poder personal, la acción y la dirección. En la etapa climatérica, muchas mujeres sienten que han entregado su energía al deber, al afuera, a lo que se espera. Reconectar con la voluntad es recuperar el timón, volver al centro, afirmar: “Yo decido por mí, desde mí y para mí”. Es recordar que tenemos el derecho y el poder de dirigir nuestra energía hacia nuestra plenitud, y que nuestra soberanía comienza por la elección firme y amorosa de nuestra verdad.
El merecimiento es la raíz invisible de nuestra capacidad de recibir. Según la RAE, merecimiento es la “acción de hacer méritos para lograr o recibir algo”. Su raíz etimológica proviene del latín meritum, que alude a aquello que se gana o se hace digno de recibir. Pero ¿cómo se gana una mujer a sí misma? No por lo que hace, sino por lo que reconoce en su ser. El merecimiento habita el cuarto chakra, Anahata, el corazón, donde se cultiva el amor propio, la compasión y el permiso interno de ser amadas, abundantes, libres. En la mujer climatérica, el merecimiento es una alquimia profunda: soltamos la creencia de tener que justificar nuestro valor, y nos abrimos a recibir sin culpa, sin deuda. Porque no tenemos que demostrar nada más. Porque ya somos. Y eso basta. Esta comprensión eleva nuestra autoestima, honra nuestro viaje y nos devuelve la dignidad de lo sagrado femenino encarnado.
Cuando voluntad y merecimiento se integran, renace una mujer magnética, radiante y soberana. Ya no luchamos, emanamos. Ya no buscamos, atraemos. Desde la energía femenina consciente, aprendemos a autogestionar nuestro flujo vital: cultivamos el magnetismo que seduce al universo, la sensualidad que honra nuestro cuerpo, el disfrute como medicina del alma, la presencia que ancla nuestra verdad, el silencio que gesta sabiduría, y la intensidad que despierta la vida en cada célula. Esta es la danza de la mujer Soberana y Radiante 2’25. No se trata de hacer más, sino de ser con más consciencia, de habitar con más profundidad, de recibir con más apertura. Aquí, en este ciclo, nos disponemos a encender nuestro fuego (voluntad), abrir nuestro corazón (merecimiento) y vivir el gozo sagrado de ser mujeres en toda nuestra luz.
Durante las siguientes cuatro semanas te invito a embeberte de esta vibración desde las practicas yóguicas, mis propuestas semanales y esta misma intención en cada instante del día que lo recuerdes…verás como se integra naturalmente en ti el habitar estas cualidades con facilidad y fluidez.