Dar es una de las expresiones más hermosas de nuestro ser, pero también una de las que más fácilmente puede convertirse en una trampa cuando olvidamos incluirnos en la ecuación. 💫
Muchas de nosotras hemos crecido con la idea de que cuanto más damos, más valemos. Sin embargo, esta creencia puede llevarnos a entregar desde una comprension mal interpretada del sacrificio provocándonos agotamiento y desconexión de nuestras propias necesidades.
Dar sin vaciarme es recordar que mi amor también me pertenece. Es aprender a ofrecer desde un corazón lleno, no desde un corazón que se siente obligado, cansado o invisible. Es dar desde el propio amor con el que me nutro, renunciando a la creencia que necesito amor desde fuera de mi para ser plena y feliz
🔍 Te invito a reflexionar:
¿Desde dónde doy: desde la abundancia o desde la necesidad de aprobación?
¿Cuántas veces he dicho “sí” cuando mi cuerpo y mi alma me pedían descansar?
¿Estoy permitiendo que mis actos de dar me nutran tanto como nutren a otros?
No requieres horas para pensar en esto, solo observa lo que surgió en ti al leer estas preguntas y verás desde donde estas dando hoy.
No hay nada malo en ti, recuérdalo… solo es ajustar esas ideas automaticas que te hacen actuar así y de las que te has vuelto consciente luego de leer las preguntas previas
✨ Práctica propuesta para esta semana:
Antes de dar algo —sea tiempo, energía, escucha o recursos— haz una pausa y pregúntate:
«¿Tengo para mí primero lo que voy a entregar?»
Observa tu respuesta y elige como actuar… te recomiendo que hagas lo opuesto a lo que siempre haces… te sorprenderás.