Esta semana te invito a mirar una verdad que a veces incomoda:
💡 muchas de nosotras decimos que queremos más abundancia, amor y disfrute… pero cuando llega, nos cuesta recibirlo por completo.
I. El punto de partida: reconocer la resistencia
La resistencia a recibir no es un “defecto” de carácter, sino una huella que suele venir de:
Creencias heredadas: «Primero los demás», «No se puede tener todo», «El dinero es sucio», «El placer es peligroso».
Experiencias pasadas donde recibir algo implicó deuda, compromiso o pérdida.
Autopercepción limitada: pensar que no somos suficientes, valiosas o que debemos “ganarnos” el derecho a recibir.
🔍 Te invito a reflexionar: ¿En qué momentos de tu vida sientes que te incomoda recibir un cumplido, un regalo, ayuda o dinero?
II. El cuerpo como termómetro del merecimiento
Cuando rechazamos algo, muchas veces nuestro cuerpo lo manifiesta antes que la mente:
Tensando los hombros o el cuello.
Apresurando las palabras para restar importancia al gesto recibido.
Cambiando de tema rápidamente para no sentir el foco sobre nosotras.
💗 Ejercicio: La próxima vez que alguien te dé algo —desde un abrazo hasta un halago— respira profundo, suaviza tus hombros y repite internamente:
«Gracias, lo recibo y me permito disfrutarlo.»
III. Liberar y abrir espacio para recibir
Para recibir más, hay que limpiar el canal por donde entra la abundancia, y para ello te invito a considerar lo transformador que resulta:
Perdonar las veces que no supimos aceptar lo que nos daban.
Soltar la culpa y el miedo asociados al disfrute.
Dedicar al menos 5 minutos al día a una sensación física de placer (un té caliente, estirarte, masajear tus manos) y observar cómo lo recibe tu cuerpo, es un enriquecedor ejercicio para descubrir más de ti en este aspecto…
te animas a practicarlo?